sábado, abril 14

“…Pero igual que combatimos/ … /Prometemos resistir/¡ay Carmela, ay Carmela!


En un artículo titulado «El 14 de abril de 1931 en Segovia» (publicado en La Voz de España, abril de 1937, en conmemoración de aquel día), dice Machado:

Fue un día profundamente alegre —muchos que ya éramos viejos no recordábamos otro más alegre—, un día maravilloso en que la naturaleza y la historia parecían fundirse para vibrar juntas en el alma de los poetas y en los labios de los niños.Mi amigo Antonio Ballesteros y yo izamos en el Ayuntamiento la bandera tricolor. Se cantó La Marsellesa; sonaron los compases del Himno de Riego. La Internacional no había sonado todavía. Era muy legítimo nuestro regocijo. La República había venido por sus cabales, de un modo perfecto, como resultado de unas elecciones. Todo un régimen caía sin sangre, para asombro del mundo. Ni siquiera el crimen profético de un loco, que hubiera eliminado a un traidor [se refiere a Lerroux], turbó la paz de aquellas horas. La República salía de las urnas acabada y perfecta, como Minerva de la cabeza de Júpiter.Así recuerdo yo el 14 de abril de 1931.

Desde aquel día —no sé si vivido o soñado— hasta el día de hoy, en que vivimos demasiado despiertos y nada soñadores, han transcurrido seis años repletos de realidades que pudieran estar en la memoria de todos. Sobre esos seis años escribirán los historiadores del porvenir muchos miles de páginas, algunas de las cuales, acaso, merecerán leerse. Entre tanto, yo los resumiría con unas pocas palabras. Unos cuantos hombres honrados, que llegaban al poder sin haberlo deseado, acaso sin haberlo esperado siquiera, pero obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de legislar atenidos a normas estrictamente morales, de gobernar en el sentido esencial de la historia, que es el del porvenir. Para estos hombres eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; contra ellas no se podía gobernar, porque el satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno. Y estos hombres, nada revolucionarios, llenos de respeto, mesura y tolerancia, ni atropellaron ningún derecho ni desertaron de ninguno de sus deberes. Tal fue, a grandes rasgos, la segunda gloriosa República española, que terminó, a mi juicio, con la disolución de las Cortes Constituyentes.

2 comentários:

Anônimo disse...

Tamén, como para todo,houbo un tempo pra liberdade, a igualdade, pra xustiza de clases, pra o posibel.

Houbo un tempo no que o mundo deu a volta e, por un instante o pobo puido mirar de fronte, uns ós outros sen pedir permiso, sen pedir perdón.
Houbo un tempo. Algúns casi o esquecimos, pra outros nen tan sequera existiu.

Houbo un tempo. E hoxe voltamos a estar coa mirada gacha, sen mirar uns pra os outros, ollando so o noso propio camiño. Un ollar esquivo, un ollar perdido, un ollar co egoismo e a comodidade suficentes pra esquecer que houbo un tempo no que foi posibel e que, un dia, se nos permitimos miran un pouquiño pra riba e palabras como liberdade, igualdade ou xustiza deixan de pasar de boca en boca so pra ferir, pra ser manoseadas, ensuciadas e deformadas,igual, ese dia ,volve a ser posíbel.

Medeia...

Anônimo disse...

Imaxino que vivir nesa etapa da historia nosa tivo que ser ben difícil. Sinto medo. Asi,cando soño cun periodo de guerra. De revolta. Imaxino tamén a emoción dun pobo que prometeu ensinar ao mundo enteiro unha lección de verdade. Sobre todo diso. Verdade.
As xentes de entón, homes e mulleres valerosos, loitaban contra todo aquelo arrebatado inxustamente tra-la derrota da II República,da que ti falas hoxe, Atalanta. Moitos amigos se aliaron en Brigadas Internacionais creadas, ideadas só para unha ocasión tan especial. En paises como Inglaterra rememoran o aniversario daquel momento no que facer unha viaxe longa sen un can pagaba a pena porque todos ían "Derrotar ao Fascismo" e a "Defender á República"
Imaxino que un pobo durme hoxe e acontecimentos para o aliciente do desacougo, da inquietude, da memoria siguen ahi, vivísimos. Gracias a palabras coma as túas.
un abrazo
Idmón